viernes, 27 de septiembre de 2013


CONSIDERACIONES SOBRE "EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO"

Con esta entrada quiero inaugurar un sub-apartado, dentro de la sección de literatura. Se trata de mis novelas favoritas, libros que por una razón u otra han marcado mi vida como lector, e imagino, y como persona.


Comienzo con la gran obra de Marcel Proust, árido, denso y complicado de leer, pero que una vez comprendido, se degusta como los grandes vinos. Y es que "En busca del tiempo perdido" ofrece un catálogo de sentimientos que nadie ha conseguido igualar.
Tardé dos años de mi vida en completar los siete volúmenes que conforman la novela: "Por el camino de Swan", "A la sombra de las muchachas en flor", "El mundo de Guermantes", "Sodoma y Gomorra", "La prisionera", "La fugitiva" y "El tiempo recuperado" en la vieja colección de Alianza Editorial y traducción de Pedro Salinas en las primeras novelas. Y ahora con la distancia temporal, me parece poco tiempo, pues es tal el compendio de emociones que ofrece Proust que se necesita espacio y lecturas más ligeras para asimilar lo sentido. Lo conseguí terminar hace unos quince años y no se si en la actualidad tendría la concentración y la paciencia suficiente. Y a que se debe todo esto: A que la novela es muy extensa, los siete libros son más de cuatro mil páginas y supera el millón de palabras y el ritmo es muy lento y calmado, por lo que a mucha gente puede llegar a exasperar porque, para colmo, lo que describe minuciosamente son sentimientos y conductas humanas y así la propia vida se convierte en recuerdo.
Salvo la parte del enamoramiento de Swan de Odette de Crezy, el resto son impresiones y recuerdos del protagonista. Nos ofrece con todo lujo de detalles su conciencia y sus reacciones y si uno es capaz de entrar en este mundo, no saldrá jamas. Desde sus primeros recuerdos de infancia y adolescencia, eligiendo que camino tomar en el mundo y su primer enamoramiento de Gilberte Swan en el primer libro, la conquista del gran amor, la extraordinaria Albertine en "A la sombra de las muchachas en flor". Sobre esto tengo que decir que cuando conoce en el malecón de Balbec a Albertine y sus amigas y aparecen como un delicioso grupo, es lo más estético que he leído jamás y desde entonces siempre he buscado un contacto así, pues nadie ha reflejado el "flechazo amoroso" como lo consigue Proust. Su contacto y decepciones con los nobles y el amor platónico por la duquesa de Guermantes, llevan al mejor tratado sobre los celos que se ha escrito en toda la literatura y que se titula "La prisionera". Algo insólito y muy necesario.
Tan insólito como otros temas que trata en el siglo XIX, como la homosexualidad, tanto masculina como femenina, la muerte brutal, lo despiadado del alma humana y que con esa narración en primera persona y desde el punto de vista de su conciencia, llevan a cotas muy elevadas a esta obra maestra, que si bien ha sido una de las experiencias más gratificantes en mi vida como lector, también lo ha sido en mi propia vida, en la que mucho de los monólogos interiores del protagonista los he hecho míos o por lo menos de una forma similar. Incluso hoy, cuando camino por el paseo marítimo de El Puerto de Santa María, donde vivo, en el otoño y el invierno, donde apenas pasa nadie, ese tipo de nostalgia y recuerdos se adueñan de mi ser y los pensamientos y reflexiones más curiosas emergen al exterior, sin dudar un momento, gracias a "En busca del tiempo perdido". Cosas así, es lo que convierte a algo en una obra maestra. Si incluso uno de mis lugares favoritos de Madrid, era una antigua coctelería y café llamado "El mundo de Guermantes", decorado como un salón francés del XIX y que los cócteles llevaban el nombre de personajes de "En busca del tiempo perdido". Tan bonito, que acabó desapareciendo, aunque quede en la memoria. Lo mismo que todos esos años. Que fueron buenos años, incluso con los amores y desamores, decepciones y alegrías.

4 comentarios:

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  2. Hola, muchas gracias por compartir tus impresiones sobre este maravilloso libro y a mí amiga Coral por descubrírmelo. Es curioso cómo Proust suscita en quienes lo leen con devoción el mismo sentimiento de estar disfrutando de una lectura inolvidable.
    Y por tus palabras tengo noticia de que "El mundo de Guermantes" cerró. La última vez que estuve fue hace veinte años, pero siempre se quedó en mi memoria, era como entrar en el libro y sentirse por un rato un personaje más del mismo.

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  3. Que pena que desapareciera esa coctelería. Buenas tardes pasamos mis amigos y compañeras de vida.
    Míticos los cócteles. Y su música siempre elegida entre las mejores de nuestros 80/90

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  4. En mi memoria también ha quedado aquella coctelería, sus espacios, su cálido y calmado ambiente, los cócteles y la buena música escuchada allí, especialmente para mi gusto, la francesa.

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